17 abr 2013

El ‘Torito’ Díaz vuelve al ruedo

Hace casi tres años, un dos veces campeón del mundo de boxeo decidió colgar los guantes a los 27 años. Pero si de algo debemos desconfiar es de la palabra ‘retiro’ en boca de un boxeador. Hay que entender que, para alguien que se puso los guantes por primera vez a los 8 años y se convirtió en profesional a los 16, es una decisión complicada. Ahora, Juan Díaz ha decidido retomar su carrera.

Y no lo hace por dinero. En su momento decidió marcharse para destinar más tiempo a sus dos hijos pequeños y dedicarse a los negocios. Estamos ante un deportista peculiar. Díaz, graduado en la Universidad de Houston, llegó a tener su programa de radio semanal, posee una agencia de representación de deportistas, obtiene rentas por alquileres y ¡hasta tiene su propia marca de café! (‘Baby Bull Café’).

Un dato curioso: decidió vivir la experiencia de conducir grandes camiones durante largos viajes para conocer mejor el negocio del trasporte en el tiene interés como empresario. Pero como donde hubo fuego queda ceniza, un pensamiento le rondaba la cabeza: “Para una gran parte del público yo he sido sólo un buen campeón, pero eso no es lo mismo que ser recordado como un gran campeón”

El nacido en Texas fue rey del mundo con tan sólo 20 años, el tercero más joven de la historia, al vencer el 17 de julio de 2004 a Lakva Sim. Defendió con éxito hasta en 6 ocasiones y llegó a tener en su cintura los entorchados de la FIB, AMB y OMB, hasta que los perdió ante Nate Campbell. Volvió a ser campeón en 2008 ante Michael Katsidis, para ser derrocado por Juan Manuel Márquez.

Transcurrido todo este tiempo, su primera toma de contacto fue realizada en Corpus Christi, en su estado natal, ante el mexicano Pipino Cuevas Jr. Díaz venció, como no podía ser de otra forma, por KOT en el sexto. Publicitado su retorno, empiezan los planes de reconquista. “Quería noquear y lo conseguí, me sentí bien y ahora vamos por más”. Su nombre no le permite perder el tiempo.

El campeonato mundial es el objetivo a corto plazo y aunque su regreso fue en superligero, continuará en ligero. Un breve vistazo a la división nos muestra como campeones a Richar Abril, Ricky Burns, Miguel Vázquez y la estrella de la categoría, Adrien Broner. El camino será complicado, pero ya lo conoce. Falta saber si la bravura de este ‘Torito’ vuelve a ser como la de hace años.

10 abr 2013

El aficionado quiere enseñar al profesional

Guillermo Rigondeaux tendrá la oportunidad de consagrarse como profesional ante Nonito Donaire este próximo sábado. Con tan sólo 11 combates, ha logrado firmar un encuentro ante una de las principales estrellas del boxeo mundial. Pero lo que tiene de precoz en su currículo lo tiene de tardío en edad. Con 31 años, es un tren que debe tomar. La mayor parte de su juventud fue dedicada al terreno amateur.

Y con gran éxito. Como buen cubano, los Juego Olímpicos son la máxima expresión que un deportista isleño puede alcanzar, para gloria personal y del régimen castrista. ‘El Chacal’ comenzó en el boxeo a los 15 años y tiene en sus puños cientos de combates como aficionado. Campeón en Sidney2000 y Atenas2004, en 2007 durante los Juegos Panamericanos de Río de Janeiro, desapareció de la concentración.

Rigondeaux y su compañero de equipo Erislandy Lara, entre otros, se esfumaron durante dos semanas. “El atleta cubano que abandona su delegación es como el soldado que abandona a sus compañeros en medio del combate”, llegó a decir Fidel Castro, afirmando que el dólar les había noqueado. ”No hizo falta conteo alguno de protección”, añadió. El Chacal explicó que en ningún caso desertó.

“Nos complicamos, comimos mucho y decidimos no volver porque no teníamos tiempo para hacer el peso al día siguiente. Nos dio miedo, era muy grave. Cuba nunca perdió una pelea en el pesaje”. Sea como sea, y superada una época llena de tensión e incertidumbre, hoy reside en Miami, donde ha ido forjando una meteórica carrera profesional manteniendo el buen hacer de su etapa olímpica.

Donaire lo desprecia como contrincante por su escasa experiencia en este negocio, clasificándolo por debajo de Fernando Montiel o Abner Mares, con quien el filipino tiene intención de enfrentarse antes de subir de división. Confianza no le falta. Pero estas palabras no han caído en saco roto para Rigondeaux, quien toma nota y pretende hacerle cobrar pertinente factura este fin de semana en Nueva York.

El tamaño será relevante en este choque. Donaire es más alto y con mayor alcance que su rival. Un dato curioso es que Guillermo ha derribado a todos sus oponentes profesionales. El cubano quiere darle una clase olímpica al campeón. “Veremos si soy tan sencillo como dice”, responde a los menosprecios. Y advierte: “Conmigo la rumba es diferente. No es lo mismo tocar con guitarra que con violín”.

28 mar 2013

Omar Chávez, el otro hijo de la Leyenda

Crecer en el boxeo a la sombra de un padre legendario es difícil, pero lo es más si también te cubre la de un hermano. Omar Chávez venció a Pablo Vásquez en dos asaltos, tratando de relanzar una carrera que no termina de despuntar. Tiene un talento, motivación y profesionalidad similares a su hermano, pero sus caminos son distintos. “Sueño con cosas grandes. Quiero ser un gran boxeador, si no, me dedicaría a otra cosa”.

Las malas lenguas hablaban sobre su gusto por las discotecas, las mujeres y pasearse en coches de alta gama con la música a todo trapo. Su niñez fue todo lo feliz que el dinero le pudo conseguir: “Mi papá nos compraba todos los juguetes que quisiéramos. En Navidad todo el primer piso de una casa grandísima estaba repleto de regalos”. Pero la enfermedad no le fue ajena y la sufrió desde bien pequeño.

“No tuve mucho tiempo para disfrutar mi infancia. La viví enfermo en los hospitales: tuve meningitis y estuve a punto de morir a los cinco años”. Pero todavía, años más tarde, viviría un acontecimiento tan trágico que le marcaría de por vida: “He pasado por momentos difíciles, como el divorcio de mis padres, o el más difícil de todos: la muerte de Marco Nazareth. ¿Fui culpable, qué hice?”.

En la noche del 18 de julio de 2009, un Omar de 19 años y con acné, vencía por TKO en 4 asaltos a Nazareth, de 23, quien fue trasladado inconsciente al hospital para nunca más despertar. Esta fatalidad provocó un terremoto en su mente y aunque siguió combatiendo y ganando, el desasosiego siempre acecha. “Fue algo que nunca imaginé. Me afectó mucho. Me sentí muy mal, triste, confundido, con muchas preguntas”

Pero algunas cuestiones no tienen respuestas. El riesgo del boxeador siempre está ahí aunque no lo veamos o lo infravaloremos. En lo deportivo, su bestia negra ha sido Jorge Paez Jr, hijo de otro mito mexicano, quien le propinó sus dos únicas derrotas, ambas a los puntos. La superioridad como boxeador de Páez fue patente en sendos encuentros, mostrando estar más cuajado como luchador que Chávez.

Omar, como su hermano, no destacan por una gran técnica o movilidad, su principal baluarte es la pegada. Su apellido les proporciona el crédito necesario para contratar los servicios de los mejores especialistas y atraer el interés del público, pero sobre el ring el boxeador se queda en calzones. Es cierto que apellidarse Chávez vende, si además te llamas Julio César, las ventas se multiplican. Esa es la principal diferencia entre ambos.

La carrera de Julio ha sido mejor cuidada que la de su hermano menor quien además, tuvo que lidiar con los crueles avatares del destino y pese a ello sigue luchando por forjarse un nombre propio. Pero es de ley reconocer que Julio, también con problemas extradeportivos, ha superado sucesivas pruebas: ha vencido a aspirantes mundiales, se ha coronado campeón e incluso le dio el mayor susto de su carrera a ‘Maravilla’ Martínez. Al César lo que es del César.

19 mar 2013

Tim Bradley baja al barro

Con Timothy Bradley se da la absurda situación de que por ser declarado injustamente campeón ante Manny Pacquiao por unos jueces con serios problemas visuales, o con servicios a precio asequible, se le cargó toda la culpa, pidiendo poco menos que renunciase al título y se disculpase. Las molestias aumentaron cuando su próximo encuentro no sería ante una primera figura famosa.

El elegido fue el ruso Ruslan Provodnikov, quien lleva peleando en Estados Unidos casi toda su carrera y a quien algunos no veían lo suficientemente atractivo. Benditas equivocaciones. La contienda resultó todo un gusto para el aficionado, una batalla intensa y constante, de continuos intercambios y cuya duración no parecía que iba a llegar a los doce asaltos. Todo ello aderezado con su pizca de polémica.

Las cosas empezaron fatal para Bradley o quizá todo lo contrario, depende cómo se mire. Porque el hecho de que el árbitro no contabilizase caída alguna es algo digno de estudio y a destacar por lo condicionante que esta negligencia terminó siendo para el resultado final. Pero el espectáculo fue de tal magnitud que toda esta controversia pareció quedar en un segundo plano.

Aunque no sería justo hablar de un ‘perdedor’. Bradley es un tipo más técnico que, tal vez motivado por los dimes y diretes sobre su triunfo ante Pacquiao, la puesta en duda de su campeonato y algunos comentarios sobre lo poco atractivo de su boxeo, quiso probar emociones fuertes y mostrar su versatilidad. Así se entienden esos intercambios suicidas y el poco uso de su movilidad al inicio.

Quedó demostrado que sabe dar espectáculo y que posee un muy buen encaje, bien testado por las bombas rusas de Ruslan. Boxeador perteneciente a esa hornada de peleadores del este de Europa que basan su éxito en su potencia física y pesadas manos, este no es el típico hombre de hielo. Busca a su rival, bromea, saca la lengua, muerde al oler la sangre… esa precipitación le impidió finiquitar a su rival en apenas unos minutos.

Incluso en el último asalto pudo rematar la faena si lograse un poco de temple a la hora de entrar a matar. Pero las fuerzas ya eran un recuerdo y el tiempo languidecía. Perdió la pelea pero ganó mucho más. El afortunado Bradley puntuó con su estilismo y Ruslan con su poder. No se hará, pero era digna una segunda entrega. Si otros llevan 4 o 5 con calzador, esta ¿por qué no?

11 mar 2013

Histórico Hopkins, pero con matices

El combate entre Tavoris Cloud y Bernard Hopkins pasará a la historia por su significado: la proclamación de un campeón de 48 primaveras, quien ya se ha coronado siete veces en su carrera. El encuentro no fue el más vistoso ni mucho menos, algo habitual en las peleas de Hopkins, pero tenía una carga especial por lo que podía suponer y por las ‘ganas’ que aparentaban tenerse ambos contrincantes.

El tema psicológico es algo que domina ‘El Verdugo’ y una vez más pudo comprobarse en este encuentro, ya que Cloud parecía combatir con el freno de mano echado o bien no tenía más velocidades ni sangre en las venas. El asunto es que si no se sale a darlo todo, sobretodo cuando tu única superioridad es la juventud, aumentan exponencialmente las posibilidades del viejo Hop, lo que unido a sus artimañas de viejo zorro, le acercan la victoria considerablemente.
Y así fue. Más sabe el diablo por viejo que por diablo. Un veterano con una forma de luchar tan personal como incómoda, obtiene un nuevo título que le permite renacer una vez más. Historia viva de este deporte. El hecho, por histórico que sea, nos muestra lo especial de la situación actual. Alguien de 48 años que destituye a un invicto campeón de 31 es algo extraordinario y peculiar. Pero todo tiene sus matices.

Desde ese invicto que no lo es -no hace falta recordar el atraco que sufrió Gabriel Campillo-, hasta las posibilidades que permite la actual organización del boxeo, donde existen 4 campeones por categoría. Chad Dawson (quien por cierto destronó a Hopkins), Beibut Shumenov y Nathan Cleverly, eran junto con Cloud las posibles elecciones de Bernard. ¿Qué organización iba a negarle la oportunidad, pudiendo sacar unos cuartos con su nombre?
Porque hoy en día la figura de Hopkins sigue vendiendo. Y él bien que lo aprovecha. Ante un panorama con tantos y tan mediocres campeones que hacen la guerra por su cuenta y para los que unificar es más difícil que llegar a Marte, Hopkins campa a sus anchas. Su talento, gran profesionalidad y mentalidad ganadora, unido a todo lo anterior, hacen posible que vivamos momentos tan ‘históricos’.

¿Posible encuentro con Andre Ward? Está muy por encima del Hopkins de hoy. El tamaño sería clave ya que ‘The Executioner’ es más alto y de mayor alcance, lo que unido a sus triquiñuelas de perro viejo le dan alguna opción. Veremos lo que duran las aventuras de este campeón legendario, ejemplo de superación, fe y constancia. En resumen, victoria para un Hopkins de 48 años pero, ¿también para el boxeo?

26 feb 2013

David Price se topa con la vieja escuela

El exceso de confianza tiene estas cosas, y en el boxeo más. David Price era -y se le debe seguir considerando- uno de los mejores pesos pesados de Reino Unido. Boxeador al que los medios locales colocaban como próximo candidato a disputar un título mundial, es toda una máquina de noquear. Llevaba una racha desde 2010 con nueve combates seguidos venciendo antes del límite.

Su prueba de fuego era ante el cuarentón Tony Thompson, destacado pesado estadounidense que tiene en su haber dos derrotas por KO y KOT ante el campeón Wladimir Klitschko. Con la predecible victoria ante este veterano, Price se encontraba cerca de una oportunidad por la corona de la división, buenos son los ingleses para negociar y conseguir sus objetivos deportivos.

En un ambiente tan propio de las islas, Liverpool recibía con el mítico ‘Nunca caminarás sólo’ a su héroe. Dos asaltos después, esa canción era más necesaria que nunca. Un golpe fugaz afecta a la zona auditiva de Price derribándolo y dejándolo tan desorientado que el árbitro decide guiarlo al vestuario. Sorpresa, sorpresa. Thompson a sus 41 años coleccionó otra noche para recordar.

Llegó a decir que si perdía se retiraba. Quizás era lo mejor, pero seguro que este éxito le va a mantener activo este año. La vieja escuela parece encontrarse al mismo nivel, o superior, a la actual promoción pesada. Los ingleses se van quedando sin representantes para su asalto mundial. Sin Price, con la decepción de David Haye y la derrota de Dereck Chisora, queda Tyson Fury.

Fury no tardó en fanfarronear que a él eso no se lo hace un abuelo, pero primero debe examinarse ante Steve Cunningham el próximo 20 de abril en tierras americanas. De todos modos, la idea de que no veremos nuevos campeones antes de que los hermanos se retiren, es algo asumido por la gran mayoría. Ni si quiera aspiramos a ver un campeonato mundial disputado.

Desde luego no parece que los hijos de la Gran Bretaña vayan a cambiar el panorama -aunque a mí me sigue gustando Haye-. Sin una de las históricas canteras de figuras mundiales, más allá tampoco hay demasiadas alternativas. Quizá el ruso Alexander Povetkin, eterno candidato, el aspirante búlgaro Kubrat Pulev o la nueva sensación estadounidense Deontay Wilder, puedan dar la campanada… ¿alguien se lo cree?

25 feb 2013

Redención y victoria

La noche más importante en la vida profesional de Lamont Peterson fue la del 10 de diciembre de 2011, cuando ganó con sorpresa y polémica arbitral al británico Amir Khan. La alegría no tardaría en tornarse disgusto cuando un control antidopaje daba positivo y se cargaba la revancha. Curiosamente fue Peterson quien pidió que se realizaran exámenes de sangre al azar.

Pese a todo, el título superligero de la FIB logrado ante Khan siguió en sus manos porque según los médicos, los niveles de testosterona encontrados en su sangre indicaban un uso terapéutico que no suponían una mejora en su rendimiento. El error de Peterson fue no comunicar el uso de esa sustancia a las autoridades. Su condena, cerca de un año de suspensión.
Pagadas las deudas, Peterson volvía a los cuadriláteros en un combate en el que buscaba algo más que la victoria: reivindicarse. Era el momento de limpiar tanta basura, que por su propio error, muchos habían vertido contra su nombre y logros. El rival que lo recibiría no era moco de pavo: Kendall Holt, uno de los mejores estadounidenses en la categoría era una buena piedra de toque.

Agresivo, curtido y con hambre, le puso las cosas difíciles al inicio de la contienda. Tiraba con dureza y mala intención, insistía una y otra vez  y parecía querer hacerle pagar en carnes el castigo por aquel poco oportuno positivo. Pero Peterson, lejos de achantarse mantuvo su plan. Cerrado como una ostra, absorbió y esquivó los golpes de su rival, se mantuvo sereno y esperó su momento.
El 4º asalto supuso el punto de inflexión. Peterson se viene arriba diciendo ‘aquí estoy yo’, conecta una buena mano que derriba a su rival y quiebra su estrategia. Desde ese segundo se convirtió en el dominador, taladrando con constancia a Holt hasta lograr que no se levantara más y su rabia por todo lo vivido se escapase. Importante victoria deportiva y anímica para Peterson.

Ahora, expiado de culpas, puede mirar cara a cara a los grandes nombres de la división. Unificar con Danny García o dar una oportunidad al temido Lucas Matthysse. Prometedor horizonte. Un error tan tonto como grave pudo tirar por tierra su carrera de no saberlo asimilar convenientemente pero Peterson, de 29 años, parece haberse repuesto de toda contingencia. Ha regresado justo a tiempo.

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